Si en la continuidad del tiempo, nos datemos a ver un instante del mismo y la sucesión de los instantes, pero con la delicadeza de darles un tiempo prudencial a cada uno de ellos, podríamos lograr percibir que cada uno de estos instantes es un conjunto infinito de hechos que en su conjunto son parte de uno y son un todo al mismo tiempo.
Si en la cadena del tiempo logramos separar la luz de la oscuridad, el día de la noche, veremos que no puede existir una noche sin un día o un día sin la noche apropiada. Pero aun mas impresionante es ver y entender en uno mismo, los momentos de noche y de día que vivimos y que se alternan no en un compás armonioso como ocurre en la naturaleza, si no con las brusquedades que hacen gala de su propia inestabilidad para lograr una mezcla no uniforme de tiempos que se ínter lazan entre si.
En este sin fin de noches y días que vivimos en lo mas intimo de nuestro ser, se dan ocasiones que una luz entra como un tornado en nuestras vidas, que con su fuerza y energía disipa, las noches, que entrelazadas unas a otras habían prevalecido reinando y con este hecho, habían logrado aislar al ser interior de la vida que lo rodea, en mi caso particular ese rayo de luz, que cual torbellino de energía de luminosa ha empezado a despejar a las nubes de la noche eterna que me encerraba en sus brazos, tiene un nombre particular y ese nombre es, Malena.
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17 de julio de 2006
AESS
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